Gregorio Armañanzas se despide de Cesar Wenk

Querido Rodo, Ernesto y compañeros:

Conocí a Cesar Wenk en el Iberoamericano de Psicodrama de Oporto. Creo que hace seis años de ello.

Merece que yo le devuelva lo que él me dio o me ayudó a conseguir.

Entré en su taller de marionetas y lloré y lloré y lloré. En aquel taller que él coordinaba yo pude llorar lágrimas mías, lágrimas que mis mayores habían llorado sobre mí, lágrimas que probablemente sus mayores habían llorado sobre ellos. Un río de lágrimas salió de mi cuerpo que lloró como pocas veces lo ha hecho así. Sobran dedos en una mano.

Y aquello lo facilitó Cesar. ¿Qué facilidad encontraría? ¿Qué acogimiento? ¿Qué apoyo? No lo sé. Esas cosas se notan por sus efectos.

Gracias Cesar. Supongo que ya te di entonces aunque solo fuera con la mirada inundada de lágrimas. Con tu marcha me haces entra en el club de aquellos a los que los compañeros se le mueren. Hasta hoy, no tenía entrada en este club.

Un abrazo,

             Goyo Armañanzas